lunes, 21 de diciembre de 2009

Rareza

Un hecho curioso que no es la primera vez que me pasa pero que, sin embargo, no por eso deja de serlo. Es raro. A ver, como explicarlo. Si algo sucede con frecuencia deja de ser una novedad y se transforma en algo más ordinario o mundano. Por lo tanto, pierde el toque de curiosidad.

Más allá de esta mini-carta de presentación del asunto, defiendo su rareza a pesar de haber sido testigo y víctima del hecho. Y es que, un poco por terco y otro poco por argumentación, me corresponde defender su posición.

Llega la noche, lo cual implica el cansancio corporal y mental que acarrea cualquier ser humano que se haya levantado antes del mediodía. Te bañás y te sentís como nuevo, pero en realidad, la realidad, es que estás “tunneado”. Seguís tan cansado como antes pero la ducha te relajó. Así que te ponés a disposición de la inventiva para hacer la cena, como si eso fuera poco, luego hay que lograr que lo que imaginaste que ibas a hacer con una papa y una lata de arvejas, se vea y tenga el gusto que pensaste. Por consiguiente, hay que estarse atento para que los alimentos muten a lo que queremos.

Mientras tanto, con la cabeza puesta en la cocina, ponés la mesa y tomás algún líquido para combatir el calor. Ordenás lo que tiraste ni bien entraste al hogar, volvés a la cocina a vigilar, encendés la tele (no hay nada), la apagás y ponés música… tranqui (como dice mi hermano después de la cuarta cerveza). Finalmente la papa se transformó en un rico puré y las arvejas en un exquisito lomo. Trasladás todo a la mesa. Te sentás y suspirás de alivio.

Volvés a encender la tele, porque por alguna extraña razón, te resulta incómodo sentarte a comer y no ver la TV, igual que antes… niente. Dejás alguna película que ya viste (si te pasó en noviembre y tenés cable, seguro viste “Un lugar llamado Nothing Hill”) y empezás a cenar. Terminás completo, panza repleta e hinchada y pensás: “las cosas que se pueden hacer con una papa y arvejas”. Hasta que llega el momento de levantar, limpiar y ordenar.

Te intentás poner de pie lentamente para levantar las cosas de la mesa (porque la mesa la dejás en el mismo lugar) y mientras, permitís que de tu boca huya un “aaaahhh la mierda que estoy llenito!”. Te relamés con tirarte en el sillón, pero no. Sabés que si sucumbís ante esa tentación no hay regreso a la cocina. Así que tratás de hacer toda la limpieza rápido.

Entonces, cuanto menos camines y más lleves, mejor. Es así que el primer viaje llevás el vaso, la botella (de algo), la mayonesa y la sal. Y dejás para el segundo y último viaje: el repasador (con el que limpiarás la mesa), el plato (en donde pondrás la mugre juntada en la mesa), los cubiertos y siempre, siempre, repito: siempre, hay alguna otra cosita más que hay que llevar. Ésta (qué malpensados!) la llevás en una mano con el repasador y en la otra el plato con los cubiertos encima.

Y acá… acá, sí sí, acá (es) donde señalo (como vienen de pensamientos…!!) el imprevisto: el tenedor se cae. Por supuesto que con el “tenedor” me refiero al cubierto y no a uno que está teniendo todo. El cubierto cae al suelo. Como si uno no tuviera suficiente con llevar todo, apurado para que nada se caiga y para terminar ligerito, el turrito este se viene a caer. Y encima, a la panza, entre la digestión y lo hinchada que está, le resulta imposible permitirte agacharte.

Llegás a la cocina. Dejás todo insultando el pedazo de metal con forma de tridente pero con un diente más y lo vas a buscar como para pelearlo o, en su defecto, provocarlo para que reaccione y ahí sí, darle.

Como podés te agachás y descubrís que no hace falta parar la cola e inclinar el torso hacia delante, si podés flexionar las rodillas (con un “crack” incluido) y estirar el brazo. Alcanzás el tenedor, lo llevás a la cocina y te ponés a limpiar.

¿Cuál es el hecho curioso? ¡¡QUE SIEMPRE SE ME CAE EL TENEDOR Y NUNCA EL CUCHILLO!! ¿Cómo no voy a insultarlo y querer cagarlo a trompadas, si el muy hijo de puta se cae y el cuchillo se queda siempre quietecito en su lugar? O lo hace apropósito o es muy… ¡Claaaaro! ¡Qué tarado! Soy yo. Me tendría que haber dado cuenta antes: en vez de tenedor, mañana uso la cuchara. ¡Qué grande “Pity”!

Saludos.

…Buen Viaje…

Y para cerrar, después del show de esta noche, no podía no poner una canción de él. Una que no tocó, “Río Babel” y déjense llevar…

Hervidero de palabras
sólo escucha tu alma
el lenguaje universal.
Toneladas pesan nada
cuando sólo escuchas
sin más que pensar.
Por tu cauce, Río Babel
aguas claras corren profundas
Río Babel
Uno toma otro barco
aunque no quiero hacerlo
Río Babel
Fluir sin un fin más que fluir
sin un fin más que fluir...

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