viernes, 22 de enero de 2010

Metallica, el magnetismo sigue vivo

Luego de diez años de ausencia, el grupo integrado por Lars Ulrich, James Hetfield, Kirk Hammett y Robert Trujillo volvió a tocar en Buenos Aires en el marco del World Death Magnetic Tour ante más de 50 mil personas y varias generaciones.

Y un día la noche llegó. El regreso de Metallica a nuestro país limpió la bronca, la angustia y la ansiedad de tantos años (luego de su frustrado concierto en 2003) y dejó llenos de alegría y satisfacción a sus espectadores.

La puesta en escena dispuso de una pantalla de leds a lo ancho del escenario, otras cuatro fuera de éste, un sobrepiso y micrófonos dispersados a lo largo de todo el escenario (tanto en la parte de arriba como en la parte de abajo) para que James Hetfield se moviese con libertad y cantase desde donde quisiera. En tanto, la lista de temas repasó en su mayoría los trabajos editados en la década del ’80 y algunas canciones de su último album “Death magnetic”.

A las 21:20 el estadio de River Plate encendió su oscuridad y dio comienzo al espectáculo con las imágenes en las pantallas de la película “Lo bueno, lo malo y lo feo”, de Clint Eastwood, y la canción “The ecstasy of gold” sonando de fondo. Luego sí, los músicos en su lugar y el inicio con “Creeping death” y “For whom the bell tolls” y con los decibeles bien altos, como las leyes de Metallica mandan.

Tras las formalidades en castellano (muy bien pronunciadas), se dio el primer estallido popular con “Wherever I may roam”, un adelanto de que la noche sería, como el cantante dijo, “histórica”. Instantes después, Hetfield, desde el primer piso del escenario, cantó “Fade to black” pasando de micrófono en micrófono (movimiento que realizó durante todo el show).

Luego de algunos temas, el cantante pidó perdón por romper los corazones de sus fans hace siete años, pero aclaró que Metallica estaba listo para sanarlos. Con esa disculpa como presentación tocaron “Sad but true” y miles de brazos con el puño cerrado se elevaron al unísono, como restando importancia al mal recuerdo.

Como principio del final, entre fuegos artificiales y bolas de fuego (no hubo ataúdes como en otros conciertos de la gira), el monstruo de cuatro cabezas otorgó dos de sus hits no perecederos: “One” y “Master of puppets”. Coreadas y agitadas de principio a fin con una intensidad enorme. Quizás el punto más alto de la noche.

Y quizás sólo porque lo que le siguió minutos más tarde se vivió de una manera similar. Un solo del guitarrista Kirk Hammett sirvió como introducción para una de las canciones más conocidas, la balada “Nothing else matters”, y con ella se encendieron los celulares que transformaron el estadio en un cielo estrellado. Como si fuera poco, inmediatamente sonaron los acordes de “Enter sandman”, lo cual desató la locura y la adrenalina de quienes observaban desde el campo de juego.

Para terminar, y en calidad de bis, la banda ofreció el clásico inoxidable “Seek & destroy”, en el cual Hetfield bajó al campo y le acercó el micrófono a los fanáticos que gritaron cada estrofa. La postal del cierre tuvo a los cuatro integrantes abrazados y mirando al público que, de pie en su totalidad, aplaudió y agradeció por las dos horas de música que esperaban desde hacía una década.

Diez años esperando el día y en dos horas la noche pasó. Metallica pisó suelo argentino y dejó su huella gigante en la memoria de sus fans.

La lista de temas:

Creeping Death

For Whom The Bell Tolls

Wherever I May Roam

Harvester Of Sorrow

Fade To Black

That Was Just Your Life

The End Of The Line

Sad But True

Cyanide

All Nightmare Long

One

Master Of Puppets

Blackened

Nothing Else Matters

Enter Sandman

Last Caress

Whiplash

Seek & Destroy

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