Más de una vez y más de una persona me intentó convencer, a lo largo de este tiempo, de que volviera a enviar por mail las cosas que escribo. Pero fue ayer por la noche que hablé con alguien que hasta ahora no lo había intentado y que, partiendo de estar bastante de gusto (como yo ahora), se dedicó a escribir una extensa carta en vivo y en directo para persuadirme.
Lo logró. Aprovechó una curiosidad común y simple (de las que siempre más me van a gustar) y me incitó. Así que de a poquitito volverán a ver sus casillas contaminadas de basura virtual y mis e-mails.
Para iniciar te traeré, a ti hermano, a ti hermana, a ti…ti Fernández (sí, lo sé, es muy malo y de nivel pésimo), lo que hablé con este tipo con el que alguna vez, hace unos años, me topé y coincidí en paladares musicales [Stone Roses (el soberbio y genial Ian Brown), Happy Mondays (el carismático e inservible Bez) y más acá en el tiempo, The Zutons y los Kasabian; y de acá Diosloscría; por nombrar un par].
El baño.
Ver ese santuario de la soledad desde la puerta, sin entrar. Admirarlo en su plenitud y esplendor, y no como un templo de paso momentáneo y diario. Ya expresé una característica del sanitario, la soledad. Uno ingresa y pasa el tiempo que le lleve, sin compañía. Vaya a orinar, a cepillarse los dientes, a lavarse la cara, a defecar, a bañarse… mmm… bueno, puede que de tanto en tanto la ducha sea compartida, pero todo lo demás no, es individual. Y no le acepto al sexo opuesto que digan que en los bares o boliches van de a dos, eso es un caprichito histérico o un leve y oculto principio de lesbianismo. Y que, por cierto, cada vez se da más en los hombres. Atenti al dátolo.
Otra cosa común, en la mayoría de los toilettes, es lo que mata (la humedad) y el frío. Salir de la calidez de la cama en medio de la madrugada y semidesnudo, ya es valentía, pero además, hacerlo para ingresar al cuarto helado y comenzar a tiritar para hacer cualquier necesidad… eso es loable, remarcable y odioso. Y ni hablar si el baño queda lejos! Más aún si hay que pagar peaje en el bidet, lo cual equivale a cerrar los ojos, apretar los puños y morderse los dientes para bancar el fresco. Como si fuera poco, después te erguís y temblás más de lo que ya lo hacías y ni la cama te salva de esos minutos de refrigerio en el polo trasero.
Aprovecho y sigo por el mismo camino (el de la raya, filosofía barata y zapatos de goma de J.L.). Luego del festival de aguas danzantes, hay que secarse y allí aparece el higiénico papel (cada vez más papel y menos higiénico). No voy a hablar del espesor del material, ya lo hice en otra enmienda, voy a tomar otra dirección. ¿Alguien sabe si el papel debe colgar de una determinada manera? Me refiero a si debe caer pegado a la pared o del lado de adelante, me genera mucha curiosidad eso. Algunos dicen que pegado a la pared se humedece, otros que de ese lado es más fácil de cortar…
Continuando el asunto, si hay que sentarse para parir genios, sobre todo cuando el tránsito es lento o hay que pedirle permiso a la constipación, hay gente que se lleva algún entretenimiento. Revistas, libros, apuntes, el celular para escuchar música o jugar y debe haber otras diversas actividades que no recuerdo y otras que ni conozco. Algunos eligen temas o hobbies especialmente para ir al baño, por ejemplo, sé de una persona a la cual le gustaba leer sobre electrónica, tecnología y sistemas (entiéndase lo que antiguamente llamábamos computación).
También, existen rutinas. Si prestan atención, la mayoría de ustedes lleva a cabo, según lo que entren a hacer, los diferentes pasos siempre en el mismo orden. Por ejemplo, al ducharse. Dejás que la lluvia te moje, te enjabonás, te quitás el jabón, te ponés shampoo, lo desperdigás por la cabeza, te lo sacás y hacés lo mismo con la crema de enjuague. Cerrás la ducha, agarrás la toalla y te secás siempre en el mismo orden corporal. Es una rutina. De hecho, bañarse lo es, por eso de tanto en tanto es bueno romperla.
Finalmente, no puedo cerrar esta necesidad de escribir zonceras (tenía ganas de escribir esa palabra) sin mencionar a los clientes habitúes de los sanitarios: los pelos. De alguna manera, siempre logran desprenderse del cuerpo y esconderse en algún recoveco, para después enredarse misteriosamente (remember las pelusas) con otros pelos. Y más misterio y sorpresa me causan aquéllos que logran pegarse a la pared o la base blanca y pulcra del bidet o el inodoro, cosa de hacerse notar ni bien entrás.
Y ahí tienen, para los que lo pedían volví y para los que no lo pedían, hubiesen pedido que no vuelva.
Especial dedicatoria para Ro, el Gordo y Anita que se bancaron el frío y el sueño y me aguantaron cuatro horas con suero y tirado en una camilla.
No hay besos, ni abrazos, se llevaron los últimos que quedaban.
…Buen Viaje…
Cierra DIVIDIDOS con un tema que transcurre en el baño. “Azulejo”…
Y todo empezó chupando pastillas de bronce
y fabricando próceres en "El Traful"
Le haces sombra al bidet y mandas la raya al medio
vos te querés matar, pero se te hace tarde.
Dale azulejo!
Se te hace tarde!
Boxeás frente al espejo pero sin vaselina
y entre round y round te trabajás el tabique
usás la rabia de espuma bajo la ducha tibia
y el pobre “Pato” sufre tu puta soledad.
Dale azulejo !
Se te hace tarde!
Dale azulejo!
Se te hace tarde!

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