Verano, vacaciones, calor, playa. Un cóctel que encandila hasta al más ciego a partir de esta época.
Lo malo es que con la llegada de fin de año y estas cuatro cosas, también los noticieros suelen quedarse, mágicamente, sin su alimento primordial. Es así que se dedican a mostrarnos con el mismo poder de síntesis, un asesinato, los piquetes en la ruta 2, una entrevista con Matías Alé y los cuidados para la estación más calurosa que nos toca vivir.
Dentro de esto último, año tras año tras año, solemos escuchar cómo utilizar correctamente la crema para no insolarnos, la crema para obtener un bronceado requetetop y diversas pelotudeces que sirven para llenar el espacio que la ausencia de la noticia dejó.
Entre esas pelotudeces, voy a hablarles antes que nadie (si, por supuesto, de una pelotudez) de un bicho desconocido, temido y muy hijo de puta. Sí, hijo de puta. Se trata de las “aguas-vivas”.
¿A qué se dedican? ¿Para qué sirve esa gelatina viviente? ¿Por qué son tan turras? Y otras tantas dudas. Estos animalitos del Señor, existen desde hace “e lot of taim”, o sea, millones de años. Desde antes que los peces y los pieses. Y al igual que las hormigas, no son exclusivamente nacionales. Están en un montonazo de lados, así como en agua fría (Argentina) como en agua caliente (Australia).
La diferencia entre una y otra, es que una puede matar con sólo tocar una parte diminuta de nuestro cuerpo. Pero por suerte, ésas son las que no están acá. Para que se den una idea estadística, en Australia, estas porquerías aberrantes matan más gente que los tiburones.
Para que los emo no se depriman y los floggers no se saquen fotis con estos bichitos, les informaré que:
- este híbrido entre gelatina y pulpo llega gracias a la correntada y variación de temperatura que genera el viento norte (un buen ejemplo de lo que hacen los noticieros);
- en los tentáculos poseen huequitos que tienen como jeringas que inyectan el veneno a los boludos que pican (y si…pican, no se llama de otra manera);
- lo que se recomienda a los boludos es que utilicen vinagre para evitar un mayor envenenamiento, ya que en nuestra especie, contrarresta el efecto del líquido maligno de este bicho feo acuático. Luego, verifiquen con un bañero o alguien que sepa que hacer, como un heladero o el de la sombrilla de al lado. (Consejo especial: eviten consultar a otros boludos, generalmente, están mal informados y suelen decir: “ponete tomate en la herida” o “meáte que se te pasa”… ESTÁ MAL, IMPUGNADO);
- sus agraciados depredadores suelen morir al intentar extinguirlas, por eso no terminan de terminarse nunca;
- el lado bueno, en Japón, son usadas como salsa o para darle sabor a ciertos sanguches. Así que tiene dos lados buenos; uno, en cuanto se aviven los de acá, van a empezar a exportarlas y, o se extinguen o se avivan ellas también y no vuelven más. Y la segunda, hay que cazarlas indiscriminadamente y probarlas con la comida, si no queda rico tiramos todo a la mierda y por lo menos podremos ir a la playa sin un frasco de vinagre en el bolso.
Por lo tanto, y en vistas a un nuevo advenimiento del estío, espero que aquéllos que vayan a la costa no se transformen en boludos. Y en caso de hacerlo, por favor… no, nada… no se conviertan en boludos, “y punto”, como dijo Julieta Cardinali.
Ah! Para los que se van a Córdoba: no. No hay aguas-vivas allá. Hay “fernet que es un buen veneno”.
Y les dejo una joya de Les Luthiers.

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