martes, 1 de diciembre de 2009

Portación de nombre

UN NIÑO MEXICANO TIENE EL NOMBRE MÁS LARGO DEL MUNDO
Brhadaranyakopanishadvivekachudamani
Es la suma del apodo de un pensador de la India y del título de una leyenda.
Si uno se sienta accidentalmente sobre el teclado de una máquina, la pantalla puede mostrar algo similar a: “Brhadaranyakopanishadvivekachudamani”.
Brhadaranyakopanishadvivekachudamani Erreh Muñoz Castillo es hoy el niño mexicano con el nombre más largo de la historia de su país y tal vez del mundo. La idea fue de su abuelo, Jorge Refugio Muñoz, quien, inspirado en el libro Diccionario de las frases célebres, obligó a su hijo a registrar a su bebé con ese nombre impronunciable que compite para figurar en el Guinness de los récords.


Es casi como hablar en inglés: hay que saber como se escribe, como se pronuncia y lo que significa.
El significado, no sé desde donde hasta donde, es “hombre puro”. Y el resto es el nombre de un pensador hindú (¿por qué si, tanto la palabra “indio” como “India”, el país, se escriben sin “H”, “hindú” sí la lleva?).
Se escribe “Brhadaranyakopanishadvivekachudamani” (por supuesto que copié y pegué… je! Traten de escribirlo…) y se pronunciará más o menos así: “Bradaraniakopaniyadvivekachudamani” o “brasakdgfsdfgsadrviuwefrwi”. Casi, casi lo mismo. ¿Y para qué? Para que cuando cumpla siete u ocho añitos, algún turrito de sus compañeritos escolares lo bautice “narigón” o “indio” o “el chico del nombre largo” (fíjense que aunque el apodo es largo, aún sigue siendo más corto que el nombre) o como chanfles se les ocurra. Y así, el apodo manda a la remismísima mierda a ese “error de tipeo” con el que lo bautizaron. Por si lo tengo que volver a nombrar, yo le voy a decir “Tito”, creo que es más fácil.
Más allá de lo ridículo de todo, del nombre, del contexto, se puede notar que es algo que no sucedió por un antojo particular. La crónica dice que el abuelo del niño obligó al padre de éste (o sea a su hijo, se complica un poquito) a bautizarlo así. Todo tiene una explicación.
¿Cómo se llama el “nono”? Jorge Refugio. ¡Jorge Refugio! ¡Refugio! ¡Re-fu-gio! ¿Es un nombre o un sustantivo? ¡Zángano! Por lo menos es el segundo nombre (¿o le dirán Refu?). Así se entiende un poco más el por qué de semejante castigo. Y como si fuera poco, el segundo nombre del nene. Ay mi Diós! (si, si, lo sé, parezco una de esas señoras rellenas de dólares que toman el té en “La Biela”, Quintana al 600). No alcanzaba con nombrarlo como lo hicieron que, en vez de considerar la idea y salvarlo con un segundo nombre digno, no! Nada. Como si fuese un caprichito: todo ridículo o nada. A torta o caca.
Por último, los apellidos. Gómez Castillo. Probemos: John Fernández, o Sean Rodríguez. No queda, no pega. Si es Fernández, es José. No hay otra posibilidad, ni Juan, ni Federico, ni nada. Es una ecuación: Fernández = José. Como dijo alguna vez Tutín “está en todas partes” y venía Joshe caminando. Entonces, y retomando, con esos apellidos “comunes”, por etiquetarlos de algún modo, nombres extravagantes: no; y menos esa monstruosidad. ¿Se imaginan si es mago? Cada vez que lo presenten: el mago* Bradaraniakopaniyadvuivekachudamani (otra vez, copiar y pegar. Es interminable). Y por supuesto que, el día de su muerte, no va a faltar el titular de Crónica TV anunciando el deceso de la persona con el nombre más largo del mundo.
Por otro lado, si significa “hombre puro”, ¿no era más fácil llamarlo Hombre Puro, y listo? Tenés los dos nombres, y de paso lo hacés zafar de ese segundo nombre horrible.
Y pensar que a mis viejos no les dejaron bautizarme “Marco”, así ssssseco (como si lo pronunciara Mariano Martínez), porque sonaba a nombre extranjero.


*Otra cosa, se dieron cuenta que a los magos siempre los llaman citando su profesión delante del nombre. Ej.: el mago Emmanuel, el mago Mengano, el mago tal y así. Perdón, quedé carente de ejemplos. Es que generalmente uno se acuerda de los trucos y no del nombre del mago. Debe ser muy raro ser mago.

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